
Se dice que quien tiene un amigo tiene un tesoro. Elegimos a nuestros amigos y eso que cuesta encontrar gente que esté para lo bueno y lo malo.
Aunque parezca obvia la siguiente pregunta, habrá que contestarla: ¿por qué motivo no eliges a tus compañeros de trabajo? Obviamente, porque no se puede. No obstante, un empresario o dueño de una startup puede elegir más a sus colaboradores o trabajadores; buscan personas con unas competencias, conocimientos y experiencia, pero buscan también gente que encaje en el equipo, afinidad personal y se pueden llegar a plantear esta cuestión: ¿Por qué motivo me gustaría trabajar con esa persona? Otros piensan que cuando uno trabaja como autónomo tiene más libertad para elegir sus clientes y, por ende, sus colaboradores, debido a que uno tiene que trabajar con personas con las que se sienta a gusto, sepa que son buenos en su materia y que siempre sean garantía de éxito; esto no quita para que surjan desavenencias. Al principio, hasta que un autónomo tiene una viabilidad económica rentable, le toca aceptar todo tipo de trabajo de su actividad; en ocasiones con clientes que no le encajan en exceso, pero se es más frío y se piensa simplemente en obtener ingresos.
Nos toca trabajar con gente que es muy diferente a nosotros, con personas con las que chocamos, con otra gente que no tenemos nada de afinidad, pero también con otros con los que congeniamos rápidamente. Es la vida misma. Siempre tendemos a juntarnos y/o llevarnos mejor con gente que piensa o que es igual que nosotros en el entorno laboral. Al final, tenemos que poner todos de nuestra parte para llevarnos bien, dejando las diferencias atrás, para sacar el trabajo adelante. Tenemos que ser lo suficientemente profesionales para ser capaces de trabajar con gente con la que tenemos más o menos afinidad. Muchas personas pretenden tener siempre razón y no dar su brazo a torcer.
Cuando se incorporan nuevas personas a los equipos de trabajo nos tenemos que asegurar de que son personas que se complementan con el resto del equipo, es decir, que aportan más conocimientos y experiencias en áreas que se necesitan y de los que carecen el resto de los integrantes de ese equipo de trabajo. Un equipo potente y competitivo es el que sabe mucho más que sus jefes en determinadas materias o disciplinas, se ha contado con ellos porque son verdaderos especialistas.
Si surgen roces en nuestro entorno familiar ¿cómo no van a surgir conflictos en nuestro entorno profesional? En alguna ocasión borrarías del mapa a tu pareja o a tus hijos porque te sacan de tus casillas. La convivencia no es fácil en el entorno familiar, pero ni mucho menos en el entorno laboral.
Con nuestros compañeros de trabajo pasamos más tiempo que con nuestras familias, aunque lógicamente el trato y el nivel de confianza es diferente. No debemos pensar siempre mal de los demás en el entorno laboral. Debemos dedicar tiempo a conocerlos, dando la confianza necesaria para que el trabajo salga adelante. Siempre encontrarás gente en el ámbito laboral que no sea de fiar, aunque te toque trabajar con ellos. Lo mejor blindarte y cubrirte las espaldas si ya te la ha jugado en alguna ocasión.
Imagínate que tú eres una persona muy puntual y organizada. Te gusta llegar a las reuniones 10 minutos antes del comienzo y después tienes muy claros los pasos que se esperan de ti en ese proyecto. Cualquiera de tu entorno laboral que sea impuntual y/o desorganizada, chocará contigo, porque son de otra forma. En ocasiones ser demasiado organizado no es bueno, siempre debe existir cierta flexibilidad. Aunque ser muy desorganizado es poco productivo, porque se pierde mucho tiempo por la falta de enfoque. En ocasiones las reuniones comienzan 5 o 10 minutos tarde, pero deberíamos valorar el tiempo de los otros que sí son puntuales.

Tenemos que empatizar mucho más con la persona que es diferente a nosotros. Si todos fuésemos iguales, el trabajo sería muy aburrido. Tenemos que pensar cómo piensa esa persona, por qué motivo se comporta así, por qué motivo te saca de tus casillas, qué aspectos positivos aporta al trabajo…
Todos, en alguna ocasión, somos muy orgullosos y siempre queremos tener razón, porque nos creemos el ombligo del mundo, parece que los demás no saben nada, siempre están equivocados, esperamos que sea ellos los que se adapten a nosotros y no al revés. Trabajar en equipos de trabajo supone aceptar a los demás tal y como son, asumiendo que, aunque sean diferentes a nosotros, no es malo. En equipos diversos, si se saben gestionar bien, se llegan a cumplir hitos y metas grandes, gracias al potencial grupal.
¿Por qué motivo surgen conflictos en el equipo de trabajo y/o en las relaciones con otros departamentos? Por muchas razones, aunque las podemos resumir en:
- Mala o inadecuada comunicación.
- Falta de organización de las tareas, identificando qué debe hacer cada uno, objetivos a alcanzar y coordinación necesaria.
- Envidias mal gestionadas.
- Ninguna afinidad con determinadas personas, llevando el conflicto al terreno personal.
- Errores cometidos.
Todos pasamos por distintas épocas y diferentes circunstancias, es decir, es lógico que, en alguna ocasión, estemos en mala temporada, un mal día o que una situación personal te tenga desconectado más de la cuenta. Cada persona es singular y sus circunstancias; la clave es encontrar la actitud adecuada para gestionar nuestras diferentes circunstancias profesionales y vitales.
Al trabajo no vamos a hacer amigos, (pero tampoco enemigos). Vamos a desempeñar nuestro trabajo de la forma más adecuada para conseguir que la empresa vaya lo mejor posible. Si, una vez que estamos ahí, hacemos amistades, mucho mejor, porque algunas conexiones pueden ser para siempre. Si disfrutamos con nuestra profesión y en la empresa actual puedes poner en práctica y en valor tus competencias, experiencias y conocimientos, ya tienes mucho ganado. Eso no quita para que algunas tareas no te gusten y que surjan problemas a los que tener que buscar solución y que también tengas malentendidos con tus compañeros. Tenemos otro problema si tu profesión y trabajo no te gusta, pues igual es hora de buscar ese cambio, aunque a veces debes aclarar en tu cabeza a qué te quieres dedicar a nivel profesional.
Antes que nada, tenemos que ser profesionales y esto conlleva ser capaces de trabajar con todo tipo de personas, incluso con gente con la que no tengamos nada de afinidad y no encajemos nada. No debemos perder los modales con el prójimo, si traspasamos la línea de faltar al respeto a otro, perdemos toda razón, aunque la tengamos. Si en un momento pierdes los nervios y dices cosas que estén fuera de tono, te tocará pedir disculpas a la otra parte.
Tenemos que saber reconocer que a veces otras personas tienen razón y que nosotros podemos estar equivocados. El orgullo es el peor enemigo en los choques con otras personas del entorno laboral. No debemos llevar los conflictos al terreno personal, esto siempre acaba mal. Debemos centrarnos en lo que nos une, que no es otra cosa que remar por obtener buenos resultados para la empresa, que nos beneficiará a todos. Aunque parezca difícil uno puede llevarse grandes amigos de un trabajo, aunque no sea el objetivo inicial.

Cuando te sienta algo mal de un compañero o responsable de tu equipo o de otro departamento, lo mejor que puedes hacer, una vez que te calmes, es comunicarte con esa persona para indicarle que te ha sentado mal y por qué; debes plantearlo de forma tranquila y constructiva. La clave es buscar una solución adecuada para las dos partes, que os permita trabajar de forma conjunta. A veces intentamos abordar ese conflicto y/o problema desde el enfado que nos ha producido una situación y eso lo agudiza más. Si lo que va a salir por tu boca no es constructivo ni va a ayudar a suavizar el conflicto, mejor quedarse callado. Mucha gente cuando tiene un conflicto con un compañero no lo tratan directamente, sino que lo dejan estar, quejándose y malmetiendo ambas partes a través de otros grupos de personas. Esto hace que ese problema se agrande y nos comportemos en ocasiones como niños y no como adultos. Para solucionar un conflicto, ambas partes tienen que ceder y pedirse disculpas. Hablando y buscando un consenso todo se puede solucionar. No permitas llevar ningún conflicto al terreno personal, debes eliminar de los mismos toda la subjetividad, centrándote en los hechos que te molestaron y no en la persona.
Muchas veces nos enfadamos por tonterías, cuando todos estamos en el mismo barco, trabajemos en finanzas o en compras, en administración o ventas, pertenecemos a la misma empresa; si los pedidos salen mal o no resolvemos los problemas de los clientes, las ventas se pueden resentir y esto es perjudicial para todos los trabajadores. Si no existen clientes, la empresa desaparece y por ende nuestros empleos. Nos toca remar en la misma dirección, dejando a un lado los intereses individuales dando más peso a los intereses grupales.
Los jefes o responsables de equipo deben mediar en los conflictos de sus equipos, ayudando a resolverlos y zanjarlos cuanto antes. Muchas veces los ignoran, como que no van con ellos. Tener un equipo divido va en perjuicio del trabajo, ambiente y de la productividad. Debe de inculcarse la comunicación habitual y más cuando algo nos molesta, preocupa o hace daño. Callarnos no hace más que agravar ese problema en el futuro. Lo que no se resuelve vuelve en un futuro con más fuerza.
Con People Analytics es posible detectar en qué áreas existen problemas o conflictos, en qué equipos de trabajo o que líderes son los que más malestar producen entres sus personas. El erradicar esos conflictos dependerá de lo que se haga a partir de que se tienen identificados. Conocemos el mal, ahora la cura depende de las personas que trabajan en la empresa.
¿Qué hacéis con los conflictos que surgen en vuestros equipos de trabajo? Seguro que os podemos ayudar.
